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La Coctelera

Still remember

Angie, when will those clouds all disappear??

16 Septiembre 2009

"Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la historia."

Ray Bradbury, Fahrenheit 451

Después de haber leido el primero de la saga Crepúsculo de Stephanie Meyer esta primera frase del libro de Bradbury parece el paraíso que tanto añoraba mientras leía la historia del vampiro Burberry. Es la eterna paradoja del best seller internacional.

"- Es un buen trabajo. El lunes quema a Millay, el miércoles a Whitman, el viernes a Faulkner, conviértelos en ceniza y, luego, quema las cenizas. Éste es nuestro lema oficial.

Siguieron caminando y la muchacha preguntó:

- ¿Es verdad que, hace mucho tiempo, los bomberos apagaban incendios, en vez de provocarlos?

- No. Las casas han sido siempre a prueba de incendios. Puedes creerme. Te lo digo yo."

9 Septiembre 2009

Diechiocho... Y eso que yo no quería.

23 Agosto 2009

Allí estabamos, a distancia, sin duda, en las mismas condiciones de agradable incertidumbre y expectativas, y ambos sosteníamos nuestros corazones en la mano, rosados y palpitantes y preparados para el placer y el dolor, y estábamos a punto de arrojarnos los corazones a la cara del otro como bolas de nieve o pelotas de criquet (¿cómo?) o, pasa ser más precisos, como si fueran enormes heridas sangrantes: Toma mi herida. Porque la última cosa en la que pensamos en un momento así es que él (o ella) dirá: Toma mi herida, por favor, arranca el arpón de mí. No, nada de eso, uno simplemente espera librarse del propio.

Doris Lessing, Cómo perdí al fin mi corazón, Cuentos europeos

Y la respuesta a la cavilación inútil podría estar aquí, en este fragmento de un cuento, en la genial técnica narrativa de Doris Lessing.

22 Agosto 2009

Paremonos un minuto a pensar: estamos a este lado del río.

Miré al bonsai, el bonsai me miró a mí. Tú tampoco me caes bien a mi, pero vamos a convivir.

Nos ha costado llegar y, en este punto, no es conveniente precipitarse al vacío.

Piensa, cerebro vegetal, piensa porqué estás en este lado del río.

Porque no era bueno conmigo.

¿No era bueno?

No lo era siempre.

Un año entero ha pasado por la ventana. La gente cambia, aún más a esta edad. Tal vez, ya no cometa los mismos errores. Todos hemos cambiado. Quizás ya no tenga ese efecto embriagador sobre mí.

Pero si nada ha cambiado, tendré que irme más lejos.

Tendré que esforzarme un poco más.

20 Agosto 2009

"What do you do on a warm summer's night?"  She sat on the porch, she watched the cars on the road. She and her mother made popcorn. "What does your father do on a summer's night?" He works, he has an all-night shift at the boiler factory, he's spent his whole life supporting a woman and her aoutpoppings and no credit or adoration. "What does your brother do on a summer's night?" He rides around on his bicycle, he hangs out in front of the soda fountain. "What is he aching to do? What are we all aching to do? What do we want?" She didn't know. She yawned. She was sleepy. It was too much. Nobody could tell. Nobody would ever tell. It was all over. She was eighteen and most lovely, and lost.

On the road, Jack Kerouac

19 Agosto 2009

Si lo hubiese tenido delante en ese momento -a Ángel Martín, de Sé lo que hicisteis- me hubiese levantado para aplaudir. El pasado jueves el analista de medios del programa dijo todo lo que se puede decir sobre los llamados periodistas del corazón. No tengo más que hacer mías sus palabras y añadir que me dan tanta o más pena que los que se dedican a este sucio trabajo aquellos que gastan sus vidas viendo los programas que son criticados en Sé lo que hicisteis con los mariñas y patiños y toda la panda que van de listos por meterse donde nadie los llama, leyendo revistas del estilo de Hola! y, en definitiva, echando a perder su tiempo y colaborando a que los valores retrogrados (que son los que van sujetos a los juicios de todos estos "periodistas") sigan vigentes en una sociedad tan atontada como la de este país.

Aquí dejo las palabras de Ángel Martín.

15 Agosto 2009

Despacio

cierro la puerta suavemente.

Cuento uno-dos;

a mi espalda la casa está sumida en la negrura.

 

Valiente,

como en el cómic,

me enfrento a la cocina

y a los

deshechos

del final del día.

 

Así, recojo sola

dos platos,

dos vasos,

dos tenedores

-la lata está medio llena así que la guardo en la nevera-.

Apago la luz de la cocina

como el que da un tema por zanjado.

 

Ahora, en el cuarto de baño,

le planto cara a mi reflejo,

con la mano aparto el flequillo

para poder mirarme a los ojos.

Las bragas, la camiseta de tirantes y el pelo

recogido sin mucha paciencia

me devuelven a mi insignificancia,

de la que me había olvidado antes de cerrar la puerta.

 

Entonces Yuki mira a la puerta

con las orejas levantadas

y me atrevo a pensar

que eres tú,

que vuelves.

Pero no.

 

Observo.

A la redonda un papel higiénico, un albornoz naranja;

y me doy cuenta de cómo está este espacio infectado de recuerdos.

 

Cojo el libro de Doris Lessing

-de gente que ama, que está sola, o que tiene la ilusión de no estarlo nunca más-,

llamo a Yuki lo más dulcemente que se puede.

Él se tumba a la izquierda de ella,

y yo sobre la cama

en la que has vivido conmigo casi veinticuatro horas.

La cama sobre la que me dejo caer sola ahora.

Me hundo en su espacio blando,

me absorbe,

me pierdo en su longitud,

a lo ancho,

en su espesura.

Ya han pasado cinco minutos desde que te has ido.

7 Agosto 2009

De haber sido verdad la habría avisado a tiempo. Simplemente no podía creer que estuviese ahora, en ese momento y allí, de brazos cruzados ante lo que bien podría ser el cadáver de algún animal prehistórico, una nueva especie o un extraterrestre. La doctora Farrow ladeó la cabeza e intentó encontrar una explicación sujeta a la lógica mientras entornaba sus cristalinos ojos verdes tras los cristales de sus gafas Rayban.

Las escamas azuladas le cubrían todo el cuerpo y, pese a tener forma de antílope –bastante grande, por cierto- unas preciosas alas a medio despegar se derramaban sobre su lomo inerte.

La doctora Farrow no era una mujer que se atemorizara fácilmente y su trabajo la fascinaba aunque reconocía que éste no era su campo, -en realidad no estaba segura de si pertenecía su hallazgo a alguno de estos campos existentes-, por ello se acercó hacia la criatura muerta abriéndose paso entre las altas hierbas con sus botas de montaña y examinó con detenimiento a aquella suerte de gacela alada. Todavía se habría de decidir si no era precipitado entrar en contacto físico con ella. De una cosa no había duda, había muerto hacía escasos minutos y por las marcas del suelo y en la vegetación la doctora Farrow dedujo que se había venido arrastrando con dificultad desde unos cuantos metros atrás.

“Bueno-pensó la doctora Farrow- lo que es seguro es que muerta no me hará ningún daño.” Por eso se sentó junto al cadáver y lo contempló con asombro durante unos segundos que le parecieron eternos, eternamente mágicos, pues lo cierto era -se recordó- que por hermoso que fuera esto seguía estando fuera de toda lógica.

De pronto un ruido la sacó de sus pensamientos. Provenía de uno de los árboles a espaldas del cadáver, de los árboles que encabezaban el principio de un frondoso bosque que se extendía oscuro frente a ella.

Podría ser sólo un mono, o tal vez –se le ocurrió- otra nueva e intrigante criatura.

La doctora Farrow rodeó el cadáver y alzó su mirada hacia las copas de los árboles cercanos. Nada. Volvió su vista hacia el animal muerto.

Y de repente vio algo nuevo en él, algo que ya no era tan mágico. Un dardo. Era un dardo que incluía una especie de jeringuilla cuyo líquido, por supuesto, estaba dentro del animal y probablemente le había causado la muerte. La presencia humana sobre aquel extraño hecho era incuestionable, por ello la doctora Farrow volvió a buscar entre las copas de los árboles, enfurecida, al causante del ruido anterior y también –así lo pensó ella sin dudar ni un momento- de aquel terrible asesinato.

 

Como si hubiese aguardado el momento una figura humana cayó torpemente gritando contra el suelo y se incorporó sacudiéndose la tierra de la ropa. Eric Coles se quejó de que se había dañado la clavícula.

- Es mucho más fácil subir que bajar –dijo intentando sonar gracioso-. Una rama se partió y…

- ¿Has sido tú quién le ha hecho esto? –Le interrumpió con brusquedad la doctora Farrow.

- Eeeh… - balbuceó Eric mirando el dardo clavado entre las alas de la criatura. Después, como buscando comprensión volvió a mirar a la doctora.

Detrás de las gafas Rayban los ojos verde cristalino luchaban porque las lágrimas que afloraban y las que pretendían aflorar no perturbasen la indignación y a la vez serenidad de la doctora Farrow; detrás de los ojos verde cristalino, la rabia lo devoraba todo.

- Me das asco –sentenció ella.

Se dio la vuelta y emprendió a grandes zancadas el camino de vuelta al pueblo dónde se encontraba el hotel.

Sobre Still remember

Ya nunca más menor de edad. Sur de la Península Ibérica. Música diaria y en cantidades industriales (punk, indie, rock sinfónico). Aficionada a la escritura. Estudiante (muy estudiante T_T), con objetivo laboral en el mundo de las comunicaciones. Más; mi blog (el tercero sin contar un flog abandonado por cansancio del sistema) leedlo y si lo hacéis; gracias por hacerlo ^^.

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